La puerta de salida

– María: Buenos días.
– Policía: Buenos días…
– María: Venía a poner una denuncia…
– Policía: Muy bien…nombre ¿por favor?
– María: María Gómez Lapiedra.
– Policía: ¿DNI?
– María: 2847682-Z.
– Policía: ¿Dirección?
– María: Calle Dolores número 15, 6-A, Valencia.
– Policía: Bien, dígame…
– María: Pues quiero denunciar malos tratos psicológicos… y físicos…
– Policía: Bien, ¿nombre de la persona a la que denuncia?
– María: María Gómez Lapiedra.
– Policía: ¿Perdón?
– María: María Gómez Lapiedra.
– Policía: Perdone… señora… esto… ¿es una broma esto?
– María: No señor, vengo a denunciarme a mí misma.


– Policía: Perdone, esto es una cosa muy seria, bromear con este tema es algo inmoral y no sé si ilegal…
– María: Yo no bromeo
– Policía: Perdone, déjeme que consulte…
– María: No lo entiendo. Usted me toma la denuncia y ya. Estoy dispuesta a asumir las consecuencias de mi denuncia y la condena que me pongan será más llevadera que seguir manteniendo esto en silencio y para mi sola.

(El policía habla con un compañero y pide un equipo del SAMUR… mientras llega…)

– Policía: Bien, dígame, la escucho…
– María: No sé cómo empezar… esto empezó hace mucho tiempo…
– Policía: Pues dígame…
– María: El maltrato psicológico es desde hace mucho tiempo, yo ni recuerdo cuando empezó… pero fue a muy poco de tomar conciencia de mi misma… insultos, muchos insultos….
– Policía: Insultos…
– María: Si, de todo tipo, sobre todo inútil, burra… no eres capaz de hacer nada… cada vez que he hecho o conseguido algo me lo he tenido que estropear. Cosas como “si, esta vez has tenido suerte… pero ya verás…inútil, que eres una inútil…”
– Policía: Ya.
– María: Si, y me lo repetía… me machaca la cabeza una y otra vez diciéndome “ha sido suerte, impostora, que eres una impostora, ahora verás cuando salga tu verdadero yo, una mierda, eso es lo que eres…”
– Policía: Ya…
– María: Y tampoco me dejaba hacer vida social…
– Policía: Tampoco…
– María: No, cada vez que yo tenía planes y estaba ilusionada me decía “vas a hacer el ridículo, lo sabes, mejor que no te vean, por lo menos no terminas de destrozar la imagen de mierda que tienen de ti…” y muchas veces me hacía sentir tan mal que ya ni salía… muy fuerte si, cuando me oigo decirlo me da vergüenza…
– Policía: Típico…
– María: No… (Conteniendo las lágrimas…) No podía tener un amigo o amiga especial… me decía sin parar… “no te van a querer, no te van a querer…”
– Policía: Vaya…
– María: Ha sido horrible señor policía… es horrible, por favor mi única posibilidad es que me detengan… y acabar con esta tiranía…
– Policía: Pues…
– María: Con el tiempo empezaron los golpes…
– Policía: ¿Los golpes?
– María: Si, con la mano abierta aquí, en la cabeza.
– Policía: En la cabeza… madre mía… mire… si quiere esperamos un momento aquí al lado mientras llegan…
– María: ¿Quién? ¿Mientras llega quién? ¿A por mí? ¿Ya? ¿Por fin?
– Policía: No, siga, siga contando… con la mano abierta en la cabeza… ¿algún sitio más?
– María: Si, si. Puñetazos en las piernas y alguno en la cabeza también….
– Policía: Puñetazos…
– María: Si (llorando ya, tratando de hablar al mismo tiempo)
– Policía: ¿Se ha hecho algún morado? ¿Alguna lesión?
– María: Supongo… pero leve, yo no me veo marcas…
– Policía: Sin marcas…
– María: Es lo normal. Usted ya debe saber que los maltratadores refinados no dejan marcas…
– Policía: No dejan, no.
– María: Pero eso aún hace más daño… son conscientes del daño que hacen…
– Policía: Si…
– María: Necesito que esto pare, me lo controlo todo… me maltrato de miles de formas… ¿sabe? Me obligo a comer desenfrenadamente, o me prohíbo comer… El último castigo fuerte fue un novio que tuve…
– Policía: Un novio un castigo, si…
– María: Si, me insultó ¿sabe? Al poco de empezar a salir más en serio, estando yo enamoradísima un día me llamó cerda y parásito dependiente…
– Policía: Parasito…dependiente…
– María: Si, es como si no me valorara ¿sabe?
– Policía: Entiendo
– María: No, no sé si lo entiende. Mire tengo dos carreras, un trabajo de responsabilidad… y ¿me llama inútil?, ¿me llama parasito dependiente?
– Policía: Pues….
– María: Me maltrataba ya al poco de empezar… mire no se lo toleré…le dejé enseguida.
– Policía: Muy bien hecho.
– María: Sigamos con lo mío.
– Policía: Sigamos (mirando el reloj y la puerta de entrada)
– María: Me acosa constantemente…
– Policía: Mmmmh.
– María: No deja tranquila mi cabeza ni un momento…me habla sin parar…
– Policía: Si…
– María: He intentado alejarme, esconderme, evitar mi mente… nada. Siempre ahí infravalorándome…
– Policía: Bueno, bien… a un psicólogo ¿ha ido usted? ¿A un psiquiatra?
– María: ¿Para qué? Cada vez que lo he intentado mi mente se vuelve loca de verdad, el acoso ya es demoledor… empieza a cuestionarme todo, que si no me va a entender, que si lo mío no tiene arreglo, que si estoy loca… loca me lo dice mucho. Y al psicólogo tengo que contarle todo primero, y es muy vergonzoso…
– Policía: Insisto, discúlpeme, un psicólogo…
– María: ¿Usted quiere decir que no complete mi denuncia? (Llorando, decepcionada…) ¿Me está diciendo que lo mío no es importante?
– Policía: Mire señora, no, yo lo que le digo es que está sacando las cosas de quicio…
– María: ¿De quicio? ¿De quicio? 34 años de maltrato inhumano y ¿usted dice que saco las cosas de quicio?
– Policía: A ver, señora, yo no creo que exista legislación para…
– María: ¿Para? Ya es difícil denunciar esto. A mi me ha costado muchísimo… y cuando por fin lo hago, ¿resulta que usted le quita importancia y me manda para casa? (llorando)
– Policía: A ver, no, si, bueno a ver… mire cálmese… es que estás cosas pasan, lo de insultarse a uno mismo y…
– María: ¿Y hay que callarlo? ¿Hay que aguantarlo y que se quede en casa? ¿En la intimidad de mi mente y de mi vida? ¿No puedo parar esto por la vía más rápida? ¿No puedo pedir responsabilidades? Yo sé que a lo mejor en el juicio no gano, pero ¿por qué no intentarlo? ¿Por qué?
– Policía: Mire, cálmese… no sé cómo decirle… a ver… ¿usted trabaja? ¿Tiene hijos? ¿Tiene una vida, quiero decir?
– María: Si, tengo una vida. Una vida de mierda que no puedo vivir porque no hay cosa que haga o diga que no sea despreciada o infravalorada por mí misma…
– Policía: Ya, bueno, pero un psicólogo… un psiquiatra.
– María: Usted se desentiende de mí.
– Policía: Mire, no. Es que la vía adecuada…
– María: La vía adecuada…
– Policía: Mire, márchese a casa…
– María: ¿Conmigo? ¿Está usted en sus cabales? ¿Quiere que me marche conmigo y que acabe ya de una vez por todas conmigo?
– Policía: Mire, es que, como le digo… bueno ahora vendrá un equipo del SAMUR y la tranquilizarán…
– María: Me tranquilizarán… y a seguir conmigo misma… ¿no se da cuenta? No le importa…
– Policía: A ver es que insultarnos a nosotros mismos… eso lo hacemos todos…
– María: ¿Todos? Ah, y como lo hacemos todos se permite y ya.
– Policía: Quiero decir que si usted es culpable de eso y se la detuviera y condenara por eso… ahora en serio… estaríamos todos ahí, entre rejas…
– María: Todos no, todos no… Yo conozco gente que se trata bien…
– Policía: Será una rara avis…
– María: A mi mire, me da igual cuánta gente maltratadora y tirana consigo misma haya por ahí, a mí lo que me importa soy yo… quiero que esto acabe.
– Policía: Oiga, mire, sin ir más lejos… yo a mí tampoco… que digamos me trato muy bien…
– María: Ya…
– Policía: Fumo como un carretero… me insulto también un poquillo, bueno, bastante… y todos lo hacemos…
– María: No me vale, no me vale…
– Policía: Viene… (Inquieto en su silla) viene un equipo del SAMUR… ahora…
– María: Pero no, no quiero una detención momentánea y una pastilla. Quiero una solución definitiva…
– Policía: Pero señora… mire, la verdad que usted no es la única, nos hemos educado así…
– María: Ah, claro, ¿y ya? ¿Se aguanta esto y ya? ¿La culpa es de los que me han enseñado? ¿Y yo me salgo de rositas?
– Policía: Quiero decir que todo el mundo, la educación… eso influye…
– María: Ya, mire, es muy cómodo echar la culpa a los demás, a la educación, a la sociedad…. no digo que no hayan tenido nada que ver a la hora de que yo haya aprendido esto… pero la que me machaca cada día, cada momento, soy yo y mis padres, por ejemplo, que es verdad que un día me llamaron también burra e inútil ahora los pobres no saben que hacer para ayudarme, pero ¿no ve que soy yo?
– Policía: Ya, bueno si, pero…
– María: ¿Pero qué? ¿Pero qué?
– Policía: Ya le digo, un psicólogo…
– María: Pero ¿no se da cuenta de que soy una verdadera tirana conmigo misma? ¿No se da cuenta del riesgo que corro si no me detienen ya?
– Policía: Mire señora, de verdad, aquí hay gente esperando fuera para hacer una denuncia y lo suyo… lo suyo… que quiere que le diga, no solo no es denunciable, sino que si lo fuera…. mire más grave o menos pero yo no podría estar cogiéndole la denuncia porque ya le he dicho… yo tampoco me trato muy bien a mí mismo que digamos…
– María: Ya pero…
– Policía: Mire, es que estamos entrando ya en bucle…
– María: Es que no lo entiendo, de verdad, no lo entiendo… me maltrato sin piedad y nada, nadie hace nada. Y si las cosas que me hago y que me digo a mi misma me las estuviera haciendo otra persona y yo tuviera pruebas, usted me estaría cogiendo el testimonio con toda diligencia… esto es peor que estar sola. Estoy con mi enemigo… y no puedo separarme de él…
– Policía: Si, bueno. Es terrible sí.

(Se oye un carraspeo detrás de la puerta. Dos personas vestidas con uniforme sanitario aguardan para entrar…. el policía se da la vuelta hacia la puerta y dice algo como “al fin….”)

– María: ¿Cómo? ¿Quiénes son estos?
– Policía: Mire, parece usted muy sana mentalmente, de verdad, pero lo que dice son unas cosas que mejor le cuenta usted a estos profesionales que le podrán ayudar porque una denuncia de esto…

(Y a continuación da paso a una doctora para que se siente. Ésta empieza a preguntarle.)

– Doctora: A ver, dígame y nos vamos de aquí a otro sitio más adecuado…
– María: No entiendo qué más adecuado -con tristeza e impotencia le cuenta- Me maltrato, me maltrato mucho, sin parar… es una locura, quiero decir, no, no estoy loca, quiero decir que es una barbaridad y esto tiene que pararse de alguna forma.
– Policía: Ya le dije doctora…
– Doctora: Se maltrata… quiere decir usted que tiene la autoestima muy baja…
– María: No, bueno si, además. Pero no es solo que no me valoro. Es que me digo cosas muy feas… me hablo mal.
– Doctora: Eso lo hacemos todos… más o menos.
– María: ¿Usted también? ¿Usted también me va a venir con eso? Entonces si todos matamos, ¿está bien matar?
– Policía: No exagere… ya lleva rato sacando las cosas de quicio, de verdad…
– Doctora: Mire, usted debe ir a un centro de salud mental…
– María: A ver, usted primero me dice que eso lo hacemos todos, y ahora me manda a un centro de salud mental… de verdad que no entiendo nada, o me conformo con que todos se maltratan o me voy a medicarme, así, sin más….
– Doctora: Francamente señora, señorita, mire, esto es muy surrealista…
– María: ¿El qué? ¿Que yo me maltrate? ¿Que se maltrate usted? ¿El policía? ¿Que tenga que ir a un centro de salud mental? ¿Mandan ustedes los policías a los maltratadores a un centro de salud mental? ¿Mandan a las mujeres que denuncian malos tratos a que vuelvan a casa y le digan al maltratador que en la comisaría le han dicho que lo lleve a un centro de salud mental?
– Policía: Bueno, no…
– María: ¿Entonces? ¿Entonces?
– Policía: Le repito, eso no está legislado…
– María: ¿Ah, no? Resulta que si intento suicidarme ustedes si que intervienen, pero si me voy matando emocionalmente yo sola poco a poco está bien, ustedes ni se inmutan… (Llorando)

(El enfermero que acompaña a la doctora se acerca y rompe su silencio.)

– Enfermero: Mire señora, usted ve que aquí se la están tomando como en broma, o con cansancio impaciente…yo no. Pero tengo muy malas noticias para usted.
– María: Nada puede ser peor que el maltrato cruel que me inflijo a mí misma…
– Enfermero: Créame que sí. Bueno, ya le adelanto que yo también me maltrato mucho a mí mismo.
– María: Otro, mire ya he dicho que ese no es mi problema. Si el resto se maltrata y aguantan pues muy bien. Yo quiero poner fin a esto…
– Enfermero: ¿Y que pretende, que le juzguen y la lleven a la cárcel?
– María: Si el juicio es Justo, así será. Quizá así ya deje de hacerlo, no sé, eso ya no lo sé, estoy aquí porque esta es una situación de justicia. Y yo soy la criminal, tengo las pruebas… pregúnteme… tengo datos…ninguna noticia puede ser peor.
– Enfermero: Si, créame… si es peor…Usted, yo… muchos de nosotros que estamos tratándonos tan mal, bueno, a decir verdad maltratándonos vilmente… ya estamos en la cárcel.
– María: En la car…
– Enfermero: Si, en la cárcel de nuestra mente. Ya está usted cumpliendo condena…
– María: Pero… entonces…
– Enfermero: Entonces… usted, yo, casi todos estamos cumpliendo condena en la mayor cárcel que existe en el mundo…
– María: ¿El mundo?
– Enfermero: No… el mundo no. La mente individual… bueno eso son las malas noticias. También hay buenas…
– María: ¿Buenas….?
– Enfermero: Si, las buenas es que una vez que se está dentro ya sólo se puede salir…
– María: ¿Y cómo?
– Enfermero: Primero dándose cuenta, tenga usted presente que mucha gente ni se plantea que se pueda salir de aquí… una vez que uno lo intuye… ya solo hay que encontrar la salida….
– María: La salida… suena tan bien, eso… ¿pero existe? no puedo creerle…
– Enfermero: Hay muchas puertas para la SALIDA… tiene usted que encontrar la suya
– María: Ya estamos…. ¿pues no ve que estoy en la policía? Esta es la única salida que he encontrado teniendo en cuenta…
– Enfermero: Mire, hágame caso, váyase a casa, o a un hotelito rural tranquilo, o de montaña o de playa… y quédese usted en silencio… permita a su mente estar todo lo loca que está, no la juzgue, déjela ser…y usted observe tranquila…
– María: Pues tranquila, tranquila no creo que pueda estar escuchando todo eso que me digo a mi misma.
– Enfermero: Correcto… pues escuche intranquila, no importa, sólo esté dispuesta a sentir lo que sea, a escuchar lo que sea, usted no es su pensamiento, no se confunda…
– María: Mire, me está usted diciendo que me deje maltratar pero, a saco… sin poner límites a las burradas que puedo llegar a decirme.
– Enfermero: Le estoy diciendo que deje que su mente hable a su bola y su cuerpo reaccione a lo que dice su mente… y usted observe… observe todo el espectáculo… en algún momento puede ser insoportable, eso quiere decir que su EGO, su resistencia…está a punto de encontrar la puerta de salida y es tan grande ese EGO que le cuesta salir por ella, por eso duele más… pero déjelo, que es como un parto… al final dilata y sale…
– María: Madre mía, ¿podría ayudarme usted? ¿Una cesárea sin anestesia? Parece un experto… ¿tengo que hacerlo yo sola?
– Enfermero: Esa es la cuestión: tiene que hacerlo sola… y la anestesia es la cómplice del ego para quedarse dentro… pero le aseguro que después… cuando deja salir al EGO… a la resistencia… es algo tan liberador y maravilloso…
– María: Me cuesta creerlo… (Volviéndose al policía) ¿Ve usted? ¿Para qué me mandaba usted al psicólogo? Esto no es psicólogo, esos son para los que están locos de remate… Esto puedo hacerlo sola.
– Enfermero: Bueno, puede hacerlo sola. Y también puede buscar un buen psicólogo que le explique de que color son esas puertas y le facilite encontrar la suya más rápidamente… y también, puede, si usted quiere, esperarle al otro lado de la misma para ayudarle a aprender el desconocido idioma mental de hablarse bien y las nuevas cosas que en ese mundo le están esperando desde hace tiempo… preparadas para usted…
– María: (enmudecida)… ¿y seguro que encuentro la puerta y salgo?
– Enfermero: Está claro que usted quiere encontrarla. Ya está en camino….

Esperanza Casals

Apasionada de la psicología clínica y forense. Con una trayectoria profesional de más de 20 años. Desarrolla su trabajo desde la perspectiva psicológica cognitivo conductual. Su inquietud profesional le lleva a estar en continuo proceso de estudio de todos los avances científicos en su área, ha introducido en su práctica clínica técnicas psicológicas de tercera generación que optimizan y agilizan los resultados clínicos como Psych-K y Mindfulness.

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