Respecto a la sala de la audiencia que ha juzgado a la manada: “cuando la mente retorcida de quienes hacen el derecho transforma la interpretación de la ley en la expresión vivida de su propia forma de pensar”. —Baltasar Garzón.

Leo muchas y muy buenas críticas a la benevolente y “considerada” sentencia que la manada ha recibido por sus abominables actos. Pero me quedo prendida de un artículo que escribe el juez Garzón en eldiario.es, concretamente en un párrafo en el que dice:

Que nadie pretenda engañar. La interpretación del derecho no es nada compleja; solo se torna así cuando la mente retorcida de quienes la hacen la transforman en expresión vivida de su propia forma de pensar. Un pensamiento arcaico, patriarcal, basado en la concepción de la superioridad del hombre sobre la mujer

La negrita y el subrayado es mía.

No encuentro más formas de destacar esas palabras. Bueno, si: poniéndolas en mayúsculas, pero tan en mayúsculas que se salgan de la página y del iPhone con el que escribo y de casa en la que estoy y de mi ciudad hasta que salgan del planeta y nos quedemos libres…

Libres de personas que ejercen profesiones con las que deciden la vida de los otros desde estructuras internas enfermas y retorcidas que dañan a los demás y aunque ellos no lo sepan, a ellos mismos y también a los suyos. Porque solo puedo entender —que no aceptar— esa sentencia desde mi perspectiva de psicóloga que me grita sin parar que esos magistrados no tienen empatía…

Siempre me he preguntado si hace falta empatía para impartir justicia con la ley en la mano, y mi respuesta, limitada y condicionada por mi papel de psicóloga clínica y jurídica es que muchas veces no… para dictaminar sobre lindes de terreno, o denuncias sobre ruidos urbanos o un largo etcétera no.
Pero para casos tan barbaros, en los que debe primar los derechos humanos, y con tal cantidad de pruebas en este caso, hacía falta, si señores, un poco de empatía, la justa nada más. Quizá en el punto en que la empatía se cruza con el sentido común, e incluso solo este último.

La propia Ley, con un poco de sentido común hubiera bastado para emitir una sentencia justa, que por muy justa que fuera nunca podrá reparar el daño que estos energúmenos han hecho a la valiente denunciante.

Y me siento perpleja como mujer, como ciudadana, como psicóloga clínica y como psicóloga forense, de que mi sociedad permita trabajar como jueces a personas que al margen de un evidente machismo, han emitido una sentencia con cero empatía y cero sentido común expresando, como dice Garzón, en su sentencia su propia forma retorcida de pensar.

Pero es verdad que siento cada vez menos miedo y a veces una esperanza enorme, porque también se que esto va a cambiar. En algún momento va a a cambiar del todo porque ya ha empezado a hacerlo: antes nos callábamos y asumíamos resignadamente lo que la “justicia” decía y ahora lo acatamos de momento… pero protestamos, salimos a la calle, firmamos…. algo esta cambiando ya y algo cambiará finalmente por el bien de todos.

Porque ya hay personas como esa mujer capaz de plantar cara y salir a denunciar algo tan abominable y porque además de su valentía hay un pueblo que va mutando desde su anterior pasotismo y resignación hasta el grito honesto y firme de que las cosas no son así, de que no pueden seguir siendo así.

Gracias compañera y gracias compañeras y compañeros —todos los que plantáis cara en la calle, en público o en silencio— de camino hacia un mundo mejor, un mundo que todos nosotros y nuestros hijos merecemos.

Imagen: Tertia van Rensburg.

Esperanza Casals

Apasionada de la psicología clínica y forense. Con una trayectoria profesional de más de 20 años. Desarrolla su trabajo desde la perspectiva psicológica cognitivo conductual. Su inquietud profesional le lleva a estar en continuo proceso de estudio de todos los avances científicos en su área, ha introducido en su práctica clínica técnicas psicológicas de tercera generación que optimizan y agilizan los resultados clínicos como Psych-K y Mindfulness.

More Posts

¿En qué podemos ayudarte?